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¿Queréis saber más sobre la mitología de Cantabria? Hoy os vamos a desvelar los secretos de otras dos criaturas cántabras: El Culebre y los Enanucos Bigaristas.


El Culebre es un dragón legendario en forma de serpiente alada, recubierto de escamas y con alas de murciélago.

Se dice que su función es vigilar tesoros, y que, al hacerse viejos, se van al fondo del mar a cuidar sus tesoros.

Se alimenta de vacas y algunas gentes dicen que, una vez al año, exigía como tributo una doncella para devorarla, y que una de esas doncellas invocó al Apóstol Santiago para que la salvara; se dice que apareció y le clavó una lanza en el pecho, consiguiendo así que el dragón se metiera en su cueva para no salir jamás.

Las leyendas cuentan que vive en una cueva en los acantilados de San Vicente de la Barquera.

Esta criatura es prácticamente indestructible, ya que está cubierto de escamas impenetrables.

El Culebre

Los Enanucos Bigaristas son elementales terrestres que tocan el bígaro (instrumento de viento musical similar a una concha de mar) y suelen integrarse dentro del grupo de los gnomos. Feos y barbudos, maduros y con arrugas en el rostro, dotados de gran inteligencia y habilidad y con una sabiduría semidivina.

Se les pinta como seres generosos que aleccionan sobre los excesos de codicia. Se dedican a ayudar a la gente necesitada, dándoles consejos y presagios con sensatez, ya que conocen y entienden los problemas de los hombres. Su sabiduría también les permite debatir con alguna anjana sobre cosas referentes a su cultura.

En Cantabria todos los niños han oído hablar alguna vez de unos seres tan diminutos como un puño que viven en el campo, ya sea en agujeritos en el suelo parecidos a las toperas o en huecos de los árboles.

Se dice que, a veces, se dejan ver por los mortales, aconsejándoles sobre esto o aquello, pero, si no se obedecen sus indicaciones, se vuelven malos y vengativos…

Cuenta la leyenda que en la colina Lindalaseras, junto a la fuente, habitaba un enanuco que atraía con su música la atención de los humanos y, cuando llegaban a donde él estaba, los aturdía con sus melodías y envenenaba el agua y se la daba de beber, no sin antes haberles dado un trozo de ceniza, para provocarles una sed insaciable. Terminaba diciendo: «Probar, probar por un ver, veraste tú lo que es caneluca de la fina. Tomar esta sosiega, que es agua de la vida». Cuando ya había conseguido que bebieran, se perdía en el bosque tras dar tres silbidos con el bígaro, y los damnificados sufrían una profunda melancolía que en ocasiones podía ser letal.

Hay quien dice que estos enanucos poseen grandes tesoros escondidos bajo tierra.

Aunque algunos se dedican a causar mal corrompiendo las aguas cristalinas, llenándolas de sapos y de escorpiones, por suerte, son más los enanos del bígaro que se dedican a hacer el bien que los que se entretienen causando el mal a los cántabros.

Enanuco Bigarista